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Bienvenid@s.En este blog tratamos de seleccionar, analizar y difundir la información útil de actualidad desde el compromiso con valores que priman la justicia social y la igualdad de todas las personas. Intentamos eludir la censura que muchas empresas editoras aplican a sus propios contenidos periodísticos para que no entorpezcan sus objetivos económicos y/o políticos. Necesitamos una nueva forma de transmitir la información y este puede ser un buen formato para empezar de nuevo...

viernes, 13 de febrero de 2009

España acabó con su banca pública, hagamos otra

Recomiendo un artículo de opinión que publica hoy Público, firmado por el economista José Manuel Laredo. Su análisis nos revela cómo las corrientes económicas neoliberales que se impusieron en el mundo en las dos últimas décadas del siglo XX forjaron los problemas económicos que tenemos hoy día, también en España. Naredo nos recuerda que hasta la década de los noventa del siglo pasado en España existía aún una banca pública que concedía alrededor del 15% de los créditos que se concedían en España. Fue el gobierno socialista de Felipe González el que allanó el camino de su privatización al aglutinar esa banca bajo una única entidad llamada Argentaria, que después el PP privatizó sin miramientos vendiéndosela al Banco Bilbao Vizcaya, dando origen al actual BBVA.

Si hoy siguiera existiendo esa banca pública, el Gobierno tendría un eficaz instrumento no intervencionista para presionar a las entidades privadas para que pusiesen el dinero en juego en la reactivación de la economía. La ausencia de esa banca pública, nos dice el articulista, es la que ha llevado a las entidades privadas prácticamente a burlarse de la ofensiva gubernamental para que concedan créditos con el dinero que les han prestado.


Los efectos de esta situación son muy nocivos: la banca privada ha acumulado un inmenso poder al calor de las enormes cantidades de dinero que han ganado y siguen ganando hasta ahora, en paralelo al agujero financiero provocado en la cartera pública. Los banqueros ya no disimulan su desobediencia, y el Gobierno no quiere salir de ahí. Pero no es verdad que no haya soluciones. El Estado puede intervenir y/o nacionalizar entidades financieras. Es urgente y muy necesario si queremos recomponer al menos parte del poder del Estado. De lo contrario, la mal llamada crisis económica se confirmará como un plan diseñado para devaluar hasta el absurdo la calidad del poder público, lo que dejará nuestras vidas a merced de los intereses privados más poderosos.

Creo que hay que exigir ya nacionalizaciones de las entidades financieras, amparadas en la seguridad pública. Una buena forma de comenzar es pidiendo esto a través de todos los canales que tengamos a nuestro alcance. Les tiene que llegar a los políticos. Ya no se trata de evitar que sigan desmantelando el poder público. El Estado tiene que recuperar musculatura para que los interes privados no sigan pasando por encima de nuestros derechos fundamentales.

Much@s de nosotr@s hemos sido criados en plena efervescencia del ultracapitalismo neoliberal, por lo que, inconscientemente, hemos sido inoculados con un virus que te hace creer que nacionalizar empresas es sinónimo de algo dictatorial, mientras que vender al mejor postor (o a amiguetes) las empresas públicas es signo de modernidad. Esta filosofía se impuso a finales del siglo XX contra cualquier posibilidad de réplica. Pero si os fijais, no tiene ninguna clase de fundamento racional. Más bien al contrario. Liquidar lo que nos pertenece a todos es un robo a todos. Nacionalizar por necesidad pública es un acto que refuerza las garantías de nuestros poderes públicos, a los que al menos tenemos la posibilidad de nombrar y destituir, aunque para ello sea necesario reforzar la calidad de nuestras democracias.

martes, 3 de febrero de 2009

La banca sale cara

Los banqueros de España han dicho que la culpa de la crisis la tiene la gente, por endeudarse. Ignorando que han sido ellos los que han estado casi una decena de años dando préstamos a troche y moche con grandes reclamos y sin mirar ni siquiera la solvencia del prestatario. De esto sirven las ayudas públicas, dicen con ira los españolitos hoy. Se pueden leer hoy en la prensa muchas opiniones de personas que piden la nacionalización. Sólo falta que esa palabra no siga siendo un anatema impuesto por aquellos que nos han metido en este lío gigantesco.

Por si alguien necesita un empujoncito, cito un artículo del suplemento Negocios de El País del domingo pasado, sobre la historia de las crisis mundiales. En este artículo, de Alejandro Bolaños, se cita el trabajo de dos investigadores estadounidenses (Renhart y Rogoff) que han estudiado casi todas las crisis crisis económicas mundiales remontándose a un pánico financiero desatado en Dinamarca por las guerras napoeónicas de 1.800. Su conclusión es que las sucesivas crisis bancarias que han sacudido este mundo han producido siempre una hemorragia de gasto público. Esto quiere decir que el negocio bancario no es un negocio, sino un abuso. Estas entidades, históricamente, quiebran y son rescatadas por el dinero de todos. Así sucesivamente. La pregunta que debemos hacernos todos es: ¿quién y para qué respalda un sistema financiero así durante tantos años? Ya está demostrado que sólo sirve para provocar crisis gigantes tras llevarse el dinero de la gente. Nos sale mucho más barato y más eficaz un sistema financiero totalmente público.

Los más condescendientes hablan de una nacionalización parcial, o con condiciones. Es el caso del nobel de Economía de moda, Paul Krugman, que defiende estos días la necesidad urgente de que Obama nacionalice temporalmente algunos bancos importantes. El problema es que nadie se atreve a dar un paso más en la dirección a la que están apuntando: avancemos hacia un sistema financiero público lleno de garantías públicas para los ciudadanos y para la sociedad. Se acabó el problema.

El mensaje ante una posible nacionalización de la banca debe ser muy claro para eludir los envites de los ultras: al nacionalizar un banco venenoso en primer lugar le estamos haciendo un favor a la entidad (no a sus gestores tóxicos) y a su clientela, que va a ver asegurados sus depósitos y el tratamiento preferencial de las condiciones de sus préstamos. En segundo lugar se lo hacemos a la sociedad, porque los recursos que administran esas entidades se pueden destinar a proyectos que verdaderamente sean necesarios para la comunidad y generen riqueza sin destruir el planeta. El crédito estará más repartido, lo que primará la creación de miles de proyectos empresariales pequeños. Es el fin de la inversión especulativa, que genera siempre estos cataclismos.

Un banco público debería invertir sólo en proyectos productivos. Pero cambiando las connotaciones neoliberales de la palabra productividad: ¿es productivo un portaaviones? No, lo es un megaproyecto de investigación de energías limpias y justas (que no alteren el precio de los alimentos básicos para vivir). Es productiva la inversión en la protección de las semillas autóctonas, de modo que cada comunidad pueda avanzar en el cultivo de las especialidades de la zona y obtenga un precio justo por su comercialización. Hay miles de proyectos realmente productivos esperando a que acabemos con este cáncer del capitalismo financiero.

No es bueno alarmar, pero si de esta salen indemnes, no volverán a cometer errores: controlarán el mundo a sangre y fuego.