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lunes, 19 de mayo de 2008

La muerte de un niño por hambre es un asesinato

Compañer@s de blog, Jean Ziegler, relator de la ONU para el derecho a la alimentación entre 2000 y abil de 2008, ha dicho recientemente que un niño que muere de hambre hoy muere asesinado, porque la humanidad tiene recursos para alimentar a todos. El homicidio por negligencia grave o, peor aún, por motivos especulativos, está penado por las leyes de la mayoría de los países. Creo que no se trata de una sentencia más o menos emocionante de este hombre. Es algo más. Ziegler reconoce abiertamente que tras la crisis financiero-inmobiliaria que dicen que estamos pasando, los fondos de inversión han acudido en masa al mercado agrícola. El más antiguo de estos mercados, dice Ziegler, es el de Chicago, que funciona con unas normas muy arcaicas que favorecen claramente los movimientos especulativos. Un ejemplo terrorífico: con un 5% de capital propio, se puede llegar a adquirir toda la cosecha de soja de Brasil.

Los fondos de inversión son uno de esos inventos diabólicos del capitalismo financiero reciente. Se trata de grandes bolsas de dinero contante y sonante que una entidad financiera llega a acumular al atraer los ahorros de cientos de miles o millones de pequeños inversores, a los que atraen bajo la promesa de rentabilidades muy altas. La mayor parte de este capital procede de los fondos de pensiones de la gente corriente y moliente. Esto es una barbaridad de dinero en muy pocas manos y de repente. Da para que un tipo (el intermediario financiero) pueda comprar centenares de empresas con sólo pulsar un botón. Uno de estos fondos de Estados Unidos, Calper, ya ofrece a sus clientes un 10% de rentabilidad con inversiones en materias primas, entre las que se encuentran los cereales, frente al 6% que da el índice general de la bolsa. Esto es muy malo para el futuro platito de comida de muchos niños.

Estos gestores de fondos de inversión invierten en empresas que ni siquiera conocen. Deciden sus inversiones por las fluctuaciones de rentabilidad que adivinan en sus famosas pantallas llenas de líneas ascendentes y descendentes. No tienen en cuenta la utilidad de los productos que se fabrican o de los servicios que se prestan. Si se fijan en el mercado alimentario, lo someterán a sus insoportables tensiones especulativas, lo exprimirán hasta la última gota hasta que lo hagan estallar, como el mercado de la vivienda. Lo malo es que cuando estalle, millones de personas, de niños, ya habrán perecido por pura hambre.

Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial se dedican exhaustivamente a presionar a los países pobres para que abran sus mercados a las multinacionales. Una política en contradicción total con la que tiene que defender en el mundo la FAO, la Organización de Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación. Está claro quien manda ¿no? Pues eso.

Por cierto, del 3 al 5 de junio hay reunión de jefes de Estado en Roma en una conferencia de la FAO para "luchar contra el alza de precios de los alimentos". Los 2primeros días son para discursos de los presidentes y similar de los países ponentes. Sólo la terde del tercer día hay espacio para una ONG y para "la sociedad civil" en general. No culpemos directamente a la FAO de su incapacidad: Ziegler hace bien en dirigir nuestras miradas más arriba: la FAO sólo tiene un presupuesto de 220 millones de euros, es lo que le da la ONU. Los países de la OCDE pagan cada año 225.000 millones para subvencionar la producción y exportación de productos agrícolas. La mayoría de estos productos se exportan a África a mitad de precio, destrozando como un huracán el mercado local. Todos los Gobiernos de la UE votan a favor de estas políticas.

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