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miércoles, 17 de septiembre de 2008

Los esclavos felices (llega la crisis II)

En la entrada anterior nos hemos quedado con más ganas de despacharnos a gusto con estos chavalotes treintañeros de Wall Street, quen han provocado la gran crisis y no se han enterado de que lo han hecho para lucro de los verdaderamente listos, mientas ellos se van al paro.

No hay mejor ejército que uno compuesto por soberbios. O, como ha escrito John recientemente, no hay mayor peligro que un esclavo feliz. Hoy he vuelto a echarle un ojo a una de las fotografías más impactantes que se han publicado de la salida del curro de estos diablillos soberbios. Está firmada por AFP y ha sido publicada por casi todos los periódicos del mundo. Aparece uno de estos tipos, gafitas redondas de primero de la clase, treinta y pocos, cruzando con su cajita de cartón una de las avenidas más congestionadas de Manhattan, se supone que la situada frente a la sede de su empresa caída, Lehman Brothers. El tipo mira a la cámara con gesto soberbio, como esos gamberretes que aún no ha asumido que su broma ha ido demasiado lejos y que, como dice el chiste de Gila, están pensando: "nos hemos cargado al farmacéutico, vale, pero ¿y lo que nos hemos reído?"

Los complementos del sujeto nos dan valiosísima información. Este becario al que un jefe engañó haciéndole creer que es un directivo, lleva colgado del hombro sus palos de golf. Nos lo imaginamos progresando en ese tapete de hierba artificial del despachito para poder pelotear mejor al jefe. En fin, disculpad que me haya repetido pero es que me hierve la sangre más con estos desgraciados, con los esclavos felices, que con los grandes mangantes, porque a estos no los veo, pero a los esclavos me los encuentro por la calle todas las mañanas.

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